lunes, 27 de junio de 2011

¿SOMOS MENOS VIOLENTOS?


¿Somos menos violentos? Por Gabriel Wüldenmar
El laicismo anti-religioso y ultra-(neo)liberal del sistema imperial mundial proclama, sin embargo, sus excelencias como forma de gobierno. Dice, por ejemplo en boca del determinista genético Steve Pinker, que sus democracias y su fomento del individualismo (egoísmo anti-solidario) han disminuido las guerras y han hecho a las sociedades menos violentas. Para ello se valen de una serie de estadísticas capciosas y manipuladas presentadas de tal manera que la gente se quede con lo que interesa. Así, por ejemplo, dicen que las matanzas de Gengis Khan, a la escala de la población actual, supondrían 278 millones de muertos (cifra que ponen en grande para que la gente se quede con la idea), mientras que la Segunda Guerra Mundial causó sólo 60 millones. La gente se queda con esa diferencia de cifras y concluye falsamente que antes éramos más violentos y ahora más pacíficos. No considera la arbitrariedad que supone inflar las cifras de muertos de una guerra antiquísima al “adaptarla” al volumen demográfico actual. Si la Primera o Segunda Guerra Mundial adaptase sus cifras de muertos a la población de aquellas remotas épocas históricas de hace siglos, aparecería el efecto contrario: se vería que somos mucho más violentos ahora.
Ciertamente en el Primer Mundo (el 17% de la humanidad) hay menos guerras. Ahora, se nos dice, con la globalización, las guerras no convienen porque perjudican al comercio y a la comodidad (eso no cuenta para el 83% de la humanidad, que no tienen ningún estado del bienestar que perder). Ahora la violencia - salvo cuando se realiza abiertamente contra las naciones a las que interesa quitarles las materias primas - está más escondida porque hace feo: se vuelve a la esclavitud infantil, pero eso se oculta de los ojos del Primer Mundo, y se practica en el Tercero; se dictan normas de ese comercio internacional y esa globalización que matan, discretamente, a 100.000 personas al día de hambre, miseria y enfermedades evitables, un genocidio intencionado y rentable contra el 83% de la humanidad, forma de violencia de la que nadie habla (los mass-media tienen amo y estos imponen silencio).
Se nos dice también desde esta apología neoliberal que somos más pacíficos por el declinar de la religión y el auge de la razón desde la Ilustración. Se guardan mucho de recordar los crímenes de la Ilustración, que se convirtió en una ordalía de sangre, y tampoco hablan de los crímenes – los mayores que ha conocido la humanidad - de sistemas basados en filosofías racionalistas-materialistas que defienden la negación de Dios (nazismo, comunismo, maoísmo). Se nos quiere hacer creer, por último, que ahora no se nos impone una moral ni una ideología, pese al constante martilleo de la propaganda embrutecedora del sistema que nos dicta modas, tendencias, hábitos de consumo, productos, formas de pensar, filosofías hedonistas y materialistas de vida, siempre excluyendo lo espiritual entre lo que necesita el hombre para su desarrollo.

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viernes, 25 de marzo de 2011

EL PARAISO CAPITALISTA


El paraíso capitalista.
Por Gabriel Wüldenmar.
A finales de 2010 se supo (La Gaceta, 21-11-10, p 29) que al menos 17 millones de hogares estadounidenses (15% de la población) tenían dificultad para comprar alimentos en 2009 y necesitaron recurrir a los cupones gubernamentales (food stamps, cartillas de racionamiento), a la caridad o a los bancos de alimentos para mantenerse. Las autoridades federales confirmaron que era una cifra record desde que en 1995 se empezó a contabilizar este dato por parte del USDA (Departamenteo de Agricultura de USA).
En 2010, la situación era aun peor: ya eran 50 millones de estadounidenses los que estaban en esta situación, uno de cada cuatro. Leche, huevos o pan se habían convertido en artículos de lujo para 10 millones de personas (la mayoría madres solteras con hijos pequeños) y las previsiones de las autoridades federales es que los precios subirán más aun en 2011. El 21% de los niños estadounidenses ha vivido en 2010 por debajo del umbral de la pobreza, el mayor porcentaje en los últimos 20 años. 20 millones de niños estadounidensaes sólo reciben comida a través de los programsa de desayuno y comida de los colegios”, según datos de Ross Fraser, de la Feeding America, ONG que reparte alimentos.
El profesor ruso Igor Panarin llevaba años pronosticando que USA se convertiría en una naciuón empobrecida en el s XXI: “el dólar ya no es seguro y al deuda del país ha crecido en los años 80 a más de 11 billones de dólares”, lo que llevará a USA “hacia el colapso”. Y mientras tanto, las clases altas USA despilfarran en lujos absurdos e insultantes y su gobierno gasta miles de millones de dólares en armamentos y en guerras al servicio de esas élites. Eso es capitalismo.
También se nota en España, por ejemplo en cómo suben los servicios. Muchas de esas subidas son síntomas de corrupción. Por ejemplo, la electricidad entre 2002 y enero de 2011, ha subido un 56,7% (un 33,72% en los últimos 3 años), lo que, en plena crisis, supone un verdadero problema para las familias españolas y las PYMES, que ven cómo suben el IVA, el gas, bajan las pensiones, desaparecen las ayudas a los parados (5 millones), etc.
Los capitalistas hacen su agosto con la miseria general, ya que se dan guantazos por comprar las acciones de las compañías eléctricas. Sospechosamente, quienes autorizan desde el poder político estas subidas, - expresidentes, exministros y exaltos cargos políticos de los dos grandes partidos - acaban en los consejos de administración de estas empresas y de los grupos financieros que las respaldan. Así que todo queda en casa. Las culpas son del PSOE (que autoriza esas subidas) y del PP que hizo la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico que permite estos abusos.
Afortunadamente la gente se moviliza, y un solo parón energético de una hora hecha por la voluntad popular como protesta contra estas subidas, costó a las eléctricas casi un millón de euros. Ese es el camino correcto para defendernos de la codicia capitalista y para ayudar al planeta a recuperarse.

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martes, 21 de diciembre de 2010

¡PRIMICIA MUNDIAL: PLATON CONFIRMADO!


ATLANTIDA ¿MITO O REALIDAD?.

Por Gabriel Wüldenmar Ortiz

El filósofo Platón, en su obra “Timeo y Critias” recoge la información de Solón del sacerdote egipcio de Sais basada en archivos del templo. “En aquella época, éste mar era navegable. Y había una isla ante el Estrecho que vosotros llamáis las Columnas de Hércules – el estrecho de Gibraltar – más grande que Libia y Asia juntas - se refiere a la franja costera norteafricana salvo Egipto, y a Asia Menor -. Y los viajeros de aquel tiempo podían pasar fácilmente desde esta isla a las otras – las Antillas - , y de éstas, al todo el continente que más allá bordea el mar interior – sin duda América - ; pues lo que hay de esta parte del Estrecho de que hablamos – el Mediterráneo, pequeño respecto al verdadero océano - , parece un puerto natural con la entrada angosta – el Estrecho de Gibraltar - , mientras que del otro lado hay un verdadero mar – el Océano Atlántico - , y de la tierra que lo rodea - el continente Americano - podemos decir con razón que es un verdadero continente”.

Platón explica que la Atlántida era una isla de 370 Km de largo por 185 Km de ancho rodeada de altas montañas, con un gran foso cavado rodeando la llanura central – un poco por la acción de la naturaleza y un poco por obra humana durante varios reinados -. El foso era de 30,826 metros de profundidad y 184,8 de anchura en todos sus puntos y su longitud era de 1.850 Km. Este sistema canalizaba las aguas de las montañas convergiéndolas en la ciudad de forma controlada y vertiéndolas después al mar mediante canales navegables de unos 30,8 mts separados entre sí por 18,5 Km.

Evidentemente son demasiados detalles concretos e innecesarios para que esto sea una utopía simbólica. Si es producto de su imaginación o de la de otros (una leyenda), no se entiende cómo podía conocer datos geográficos reales como que existe un gigantesco océano que deja pequeño en comparación al mar Mediterráneo, que en efecto existen las Antillas como un rosario de islas, que por ellas se llega a un continente mucho mayor (América), que este continente bordea todo el Atlántico. Está claro que en aquella época no se conocía el Atlántico, ni las Antillas ni América. Desde luego ni Platón ni los griegos ni los egipcios conocía nada de esto, porque de lo contrario aparecería en otros muchos de sus escritos; se limitan a recoger una tradición antiquísima. La cuestión que se plantea entonces es que si dan todos estos detalles geográficamente exactos y verdaderos por lo que respecta al Atlántico, las Antillas y América ¿por qué habría de ser falso lo referente a la existencia de la Atlántida?.

La mayor crítica a Platón es que ninguna otra fuente confirma lo que él dice, pero esta crítica puede tener sus días contados con lo que hemos descubierto en fuentes sumerias. Puede que el mundo sumerio confirme a Platón que habla de una isla continente en el mar más allá de las columnas de Hércules (Gibraltar en Europa y Jebel Sidi Mousa en África). En efecto, hay evidencias de que el final de la Atlántida se relaciona de muchos modos con el diluvio. Pues bien, en la epopeya de Gilgamesh en su versión hitita rescatada por Johannes Friederich, cuando este héroe, en busca de la inmortalidad, pretende ver al Noé mesopotámico Utnapistim (el sumerio Ziusudra), que sigue vivo, debe cruzar “el gran mar de las aguas de muerte”, es decir un mar grande donde hubo mortandad, lo que en el mito de Atlántida, catastróficamente hundida, no puede significar sino el océano Atlántico.

Generalmente se cree que este mar representa el viaje al más allá, pero no es así, se trata de un mar real (más bien un océano), ya que 1) Utnapistim no está muerto, sino vivo, como Gilgamesh, 2) se tarda un mes y quince días en llegar en barco desde algún punto del Mediterráneo oriental (probablemente Líbano, dado que se habla de los bosques de cedros, exclusivos de allí) donde el héroe había cruzado por tierra, 3) una diosa, Siduri, le dice Gilgamesh “el mar es imposible de cruzar. Desde hace mucho tiempo nadie ha llegado al otro lado del mar” salvo el dios sol (Shamash) y evidentemente, si ese mar representara el paso más allá, esas palabras no tendrían sentido porque constantemente pasa gente por el tránsito de morir.

Para confirmar que se trata del mismo mar que señala Platón, vemos que Gilgamesh, para llegar al “Gran Mar, que está lejos”, debe seguir “el camino habitual” (es obvio que no habla de la muerte porque Gilgamesh no está muerto ni tampoco aquel a quien busca) y que como señales “que le llevan al destino” había dos “columnas de piedra”, justo como dice Platón: que las Columnas de Hércules dan paso al Atlántico donde estaba la Atlántida. Una vez pasadas esas columnas tenía que girar y llegar a una ciudad (evidentemente en medio del mar) llamada “Itla”, que tiene que ser la forma mesopotámica de referirse a “Atla” o “Atlán”, la Atlántida. Evidentemente todo esto queda en el Oeste, ya que Shamash, el sol, cruza ese Gran Mar y le ayuda una vez pasadas esas dos columnas de piedra. El único Gran Mar casi imposible de cruzar, tras dos columnas y en el Oeste, sólo puede ser el Atlántico. El mito, por supuesto, mezcla pasado con presente y así aparece la Atlántida como aun existente. Se trata pues de una confirmación de la existencia de la Atlántida.

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lunes, 15 de noviembre de 2010

NEW AGE: LOS PELIGROS DE LA IRRACIONALIDAD


NEW AGE: LOS PELIGROS DE LA IRRACIONALIDAD
Por Gabriel Wüldenmar

La New Age es un movimiento lleno de “maestros” tanto de este mundo como supuestamente del otro. Pero, paradójicamente, hay algunos grupos que rehúsan toda enseñanza doctrinal o información exterior, porque dicen que les basta su interior para saberlo todo, que no quieren nada de fuera.
Es verdad que en nuestro interior hay un yo más reposado, sabio y profundo, una oportunidad para reenfocar mejor las realidades de la vida, con mayor serenidad y desapego. Pero ¡cuidado con exagerar la doctrina del maestro interior!. Él también es un discípulo de la vida y no lo sabe todo. Por eso está viviendo aquí encarnado, interactuando, relacionándose con el entorno y los demás, experimentando, equivocándose, nutriéndose de la información del exterior. Eso es vivir y aprender, sino, no tendría sentido que estuviésemos aquí experimentando a los demás y al entorno. El ser humano es un ser social y se nutre de la experiencia exterior con los demás; su mente se construye con información, conocimiento y experiencia, a tal punto que no existe un ser humano que sólo se nutra de su interior. De lo contrario, el aprendizaje y la objetividad serían imposibles. Incluso nuestro cuerpo, que es maravilloso y funciona muy bien, necesita el continuo aporte de oxígeno y alimento de fuera.
Además, la afirmación de la tesis ultra-interiorista es contradictoria en sí misma: si es verdad que sólo debo aceptar lo que viene de mi interior, cuando alguien me diga que sólo debo aceptar lo que venga de mi interior, debo rechazarlo, porque esa información me viene de otro, del exterior, así que si la acepto, ya la declaro falsa, y si no la acepto, evidentemente, también.
Es absurdo pues que, a vueltas con la soberbia de nuestro ego, despreciemos la ayuda o consejo del conocimiento externo. Por el contrario, aprovechémoslo, hagámoslo interno y lo habremos asimilado. Además, al que dentro de sí mismo se aventura sin buenos anclajes fuera, le esperan enemigos insidiosos: 1) La oscuridad que emana de nuestra naturaleza interior caída no purificada (Gen 6,5 y 8,21; Mt 15, 18-19, por eso estamos en un mundo donde hay dolor y purificación).
2) El engaño seductor y sensual de nuestro ego que busca perderse y acomodarse en sensaciones autocentradas en vez de pulirse y progresar.
3) La acción de fuerzas oscuras inteligentes que aprovechan para crear nexos de mentira y explotación energética, deseosos de una ventana hacia nuestro mundo.
4) El olvido de nuestro compromiso con el prójimo y con la necesidad de luchar por un mundo más justo.
5) Existe el peligro de que se acabe resintiendo nuestra racionalidad, objetividad y sentido crítico para entrar en un mundo de fantasías irracionales completamente subjetivas y a-críticas. En efecto, si lo único verdadero es lo que siente o “sabe” mi interior y no puede haber contrastación con información externa, no podrán establecerse criterios de lo que es verdadero o falso. Queda así bloqueada toda capacidad de conocer, de ciencia objetiva y de racionalidad. Todo esto da lugar a posturas irracionales
Por todo esto, todas las tradiciones – budista, judía, cristiana,... - auténticamente místicas advierten de la necesidad de emprender el camino interior desde una doctrina firme, con sentido crítico hacia nuestras experiencias psicológicas y desconfianza de la imaginación y con el asesoramiento al menos inicial de un maestro experimentado.
Pero la pseudo-mística de estos grupúsculos ignora todo esto. Si les advertimos de estos peligros reaccionan agresivamente culpándonos de “meterles miedo”. Son como uno que quiso demandar “por sembrar el miedo entre los conductores en vez de dejarles circular libremente” al Departamento de Tráfico, por poner tantas señales de peligro, normas de circulación y campañas de concienciación. Irracionales.

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domingo, 24 de octubre de 2010

LOS SECRETOS DEL INFINITO


LOS SECRETOS DEL INFINITO: nueva prueba metafísica de la existencia de Dios
por Gabriel Wüldenmar Ortiz

El materialismo nos dice que no nos preguntemos qué hay más allá del universo, porque la pregunta carece de sentido. Pero el universo es algo material y todo lo material tiene por antecedente una causa, que antecede al efecto, así que es lícito preguntarnos por ella. ¿Qué hay, pues, más allá del universo?

A) ¿Un espacio-tiempo sin final? Lo que hay “fuera” del universo no puede ser más espacio por dos razones:

1) según la ciencia, el espacio nace con el universo material y acaba con él, y

2) el espacio es, por definición, un lugar que puede ser ocupado por un cuerpo (sin que importe si ahora hay o no algún cuerpo ocupándolo); un espacio infinito sería susceptible de ser ocupado por un cuerpo infinito. Ahora bien, un cuerpo infinito es algo imposible porque precisamente los cuerpos se definen (=”tienen fines”) delimitando la realidad, separando lo que son de lo que no son. Y no sólo es un problema del humano “saber definir”, sino un problema objetivo, ya que cualquier cosa que existe lo es en función de sus límites; si pensamos en un objeto cualquiera lo básico para que exista son los límites que lo definen y separan del resto circundante; por tanto, todo lo que existe es dentro de unos límites y existe gracias a ellos.

B) Lo que hay “después/antes” del universo tampoco puede ser un tiempo sin final, porque 1) según la ciencia, el tiempo nace con el universo material y muere con él, y 2) el tiempo eterno, por definición, es un momento que puede ser ocupado por un suceso eterno. Ahora bien, un suceso eterno es algo imposible porque precisamente los sucesos se definen (= “tienen límites”) delimitando la realidad, separando lo que son cuando ocurren de cuando no ocurren. Y no sólo es un problema del humano “saber definir”, sino un problema objetivo, ya que cualquier suceso que ocurre, ocurre en función de sus límites; si pensamos en un suceso cualquiera, lo básico para que ocurra son los límites que lo definen y separan del resto de lo que ocurre o podría ocurrir; por tanto, todo lo que ocurre es dentro de unos límites y existe gracias a ellos.

C) ¿Puede que más allá sólo exista la nada? No, no es posible porque la nada no puede existir, ya que por definición no es nada. Si existiera, sería algo, ya no sería nada, si fuera un inmenso espacio absolutamente vacío, ya sería algo (espacio; estaríamos en el caso A); si fuera un tiempo infinitamente infértil ya sería algo (tiempo; estaríamos en el caso B). Además no tendría sentido (ni causal - ¿por qué existe algo en vez de nada? - ni estructural - ¿por qué lo que es, es como es?-) que no existiendo nada, existiese en medio de nada algo (el universo). Si nada existiera desde siempre, nada existirá en cualquier momento posterior, ya que de nada no puede salir algo; la nada no puede causar más que nada, es completamente infértil por definición.

D) Si no puede ser ni un espacio infinito (A) ni un tiempo eterno (B) ni la nada (C), entonces debe existir algo, “algún ser” infinito y eterno. Infinito no significa (que ocupa) un espacio muy, muy, muy... grande, sino que es a-espacial (carece de espacio), de lo contrario caeríamos en la imposibilidad de “A”. Eterno no significa (que existe durante) un tiempo muy, muy, muy largo, sino que es a-temporal (carece de tiempo), de lo contrario caeríamos en la imposibilidad de “B”.
Además, la adimensionalidad de lo infinito/eterno es fácil de demostrar. Sea el conjunto de número naturales (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8...n, hasta el infinito).

Sea también el conjunto de sus cuadrados (1, 4, 9, 16, 25, 36, 49, 64... n2 hasta el infinito). Aunque ambos conjuntos o series son infinitos (siempre puede imaginarse un número mayor o un cuadrado mayor a cualquier número o cuadrado dado) parece evidente que tiene que haber más números en la primera serie que en la segunda pues esta última está reservada para los cuadrados y la primera admite cualquier número. Tendríamos pues un infinito más grande que otro infinito, lo que es absurdo porque todo infinito es tan infinito como cualquier infinito y, para colmo, no puede existir más que un infinito porque si hubiera varios ninguno sería infinito ya que cada uno tendría límites con los demás. Esto implica que los conceptos de “mayor” o “menor” e igual no son aplicables cuando se habla de infinito, como confirmará siglos mas tarde el matemático Georg Cantor.

Sabiendo, explica Cantor, que hay infinitos puntos en un segmento (los puntos carecen de dimensión y por tanto de tamaño) se concluye que en un segmento hay el mismo número de puntos que en otro aunque difieran de longitud, ya que, como puede demostrarse geométricamente, cada punto de un segmento tiene un punto-imagen en el otro, por mucho que difieran en longitud, lo que prueba que ambos tienen el mismo número de puntos. Si con cualquier segmento de puntos infinitos, se construye un cuadrado, se demuestra que esta última figura tiene también puntos infinitos, igual que en cualquiera de los segmentos que forman sus lados. Si de la 2D pasamos a 3D y construimos un cubo, pasa exactamente igual, resulta que éste también contiene el mismo número de puntos: infinito. Por tanto, queda demostrado que en un segmento, por pequeño que sea, hay tantos puntos como en todo el universo. En el interior de lo infinitamente pequeño está lo infinitamente grande.

Así pues lo infinito/eterno es adimensional. Si lo que hay “más allá” del cosmos es a-espacial y a-temporal, será “adimensional” y por ello forzosamente debe ser inmaterial, espiritual, mera relación o significado, porque todo lo material es necesariamente espacio-temporal, no puede haber algo adimensional que sea a la vez material. En efecto, si no puede ser A ni B no puede ser material y si no puede ser C no puede ser no-existente, por tanto será un ser exístete pero infinito y eterno. Ese ser inmaterial, eterno e infinito, que tendría que ser inteligente para ser causa adecuada para el universo, es lo que llamamos Dios.

Ahora bien, ese ser infinito/eterno ¿existe objetivamente o es el resultado del pensamiento humano al negar la idea de “límite”, obtenida por abstracción de la observación de los cuerpos y los sucesos? El infinito/eterno es lo que no acaba nunca en ninguna parte, las matemáticas (números, valores de aproximación a límites, etc.) y la geometría (definición de recta o de paralelas, ejes de simetría de una circunferencia o esfera, cuadratura del círculo imposible de alcanzar salvo con un polígono de infinitos lados, etc.) son la mejor prueba de que existe. Matemáticamente se define como el valor mayor que cualquier cantidad asignable o imaginable por grande que sea. Eso quiere decir, en la práctica, que uno podría estar contando y no acabaría nunca pues siempre hay un número mayor posible a cualquiera imaginado. Pero eso no lo podemos comprobar ya que no hay vida humana ni vida de toda la humanidad ni duración de todo el universo que sean suficientemente grandes para comprobarlo contando hasta el infinito, así que tenemos que creerlo y ya está. No hace falta que alguien lo haga, basta con saber que se puede hacer. Que nadie pueda hacer (demostrar) una cosa no significa que no pueda existir y deba existir.

Pero se trata de algo más que de una mera creencia, se trata de una verdad matemática clara y distinta que siempre se puede imaginar un número mayor a otro cualquiera por grande que sea este último, ya que sabemos que por grande que sea un número siempre le podremos sumar otro mayor, da igual que nadie lo haga. Si no podemos hacerlo no es porque no exista sino porque desde nuestra finitud no podríamos hacerlo o alcanzarlo, pero existe necesariamente. Decir que lo infinito existe (infinito real) simplemente porque puede (infinito potencial) y debe necesariamente (infinito racional) existir, supone por tanto aceptar que el infinito es algo que existe objetivamente, es decir, independientemente de nosotros. En ese nivel, los tres tipos de infinito se identifican, y es lo que llamamos Dios.

Esto tiene importantes consecuencias:

1) He aquí algo indudablemente verdadero aunque no sea demostrable-verificable por la experiencia, lo que desmonta y deja en mal lugar el positivismo materialista.

2) Esto justifica el salto de lo ideal a lo existente en la realidad que hace el argumento ontológico de la existencia de Dios.

3) Esto apoya el teorema de Gödel sobre la existencia necesaria de lo indemostrable en cualquier sistema. 4) El argumento señala la existencia de Dios como trascendente al universo, lo que deja en mal lugar los planteamientos panteístas y new age. 5)Esto constituye un nuevo argumento en favor de la existencia de Dios, hasta ahora desconocido por la filosofía.

Gabriel Wüldenmar Ortiz.

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miércoles, 18 de agosto de 2010

Amor y Sexo (I)


AMOR Y SEXO (I)

El impulso amatorio es una de las fuerzas psíquicas más poderosas que existen, por él se han hecho locuras, se han creado las más bellas manifestaciones del arte y hasta se han organizado guerras.

Hoy estamos en una sociedad obsesivamente erotizada, donde el sexo se glorifica como centro indispensable y omnipresente de la felicidad. Luego, esta sociedad hipócrita se asusta con la pederastia, el turismo sexual, el sexo o la violación entre niños o el acoso sexual, como si no hubieran fomentado todo eso al fomentar el “todo vale” y la precocidad sin valores morales ni espirituales.

Hay dos maneras de interpretar esta poderosa fuerza:
1) La visión materialista, según la cual todo es cuestión de hormonas e instinto puramente animal, y no cabe en nosotros por tanto más que un comportamiento animal, como mucho mediatizado por la cultura. El sexo no necesita del amor. Es natural ser egoístas, promiscuos, manipuladores y calculadores para lograr el placer, porque nuestros genes nos obligan a ello. Lo natural, afirman, es engañar, la inestabilidad, ir haciendo promesas falsas y rompiendo corazones. Lo principal es el cuerpo.

2) La visión espiritual, según la cual el amor y es sexo son un acto de comunicación integral y armónico entre dos seres humanos implicando a toda su humanidad, es decir, su parte corporal, su parte psicológica-relacional (personalidad, conductas) y su parte espiritual-trascendente-moral. El sexo no puede concebirse sin amor, porque dejaría de ser un acto de encuentro entre dos personas, quedaría mutilado y deshumanizado. Por ello, exige valores de nobleza, sinceridad y compromiso. Lo principal es la persona.

Por su parte, la visión materialista se esfuerza en combatir los valores de la visión espiritual del amor. El objetivo es eliminar todo lo espiritual del terreno amoroso - viejo patrimonio del alma, de lo ético y de lo subjetivo - y reducirlo a lo sexual, a lo bioquímico y lo genético.

- Así, contra su naturaleza espiritual y moral se alzan la “revolución sexual” y el “reduccionismo genético y bioquímico”;
- contra la fidelidad y el compromiso surge la “hipótesis sociobiológica”;
- contra la confianza y la entrega se alza la “convivencia experimental pre-compromiso”
- la importancia de lo trascendente tiene como teoría opuesta la negación de la importancia de lo espiritual en las parejas
- el desinterés solidario aparece contradicho por la “teoría mercantilista del amor”.

No podemos extendernos aquí – aunque buenos y sobrados argumentos tendríamos - para mostrar la insuficiencia de las teorías bioquímicas para explicar la esencia y las variedades del amor, ni para mostrar las falacias interesadas de la teoría sociobiológica, ni para señalar que amor y sexo no son lo mismo ni se pueden reducir uno al otro, ni cómo la revolución sexual no nos ha liberado ni hecho más felices, etc.

Gabriel Wüldenmar Ortiz

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Amor y Sexo (II)


AMOR Y SEXO (II)

El ser humano busca algo más que el placer, busca una plenitud trascendente. Si sólo vive para el placer al final queda un vacío, una apatía ante los ideales, un desencanto existencial, un aburrimiento vital sin sentido, superficial, que nada entiende, a nada reverencia ni en nada cree. Su cosecha es dolor, falsedad, despreocupación por lo demás, egoísmo no dialogante y cínico. En efecto, por mucho que hagamos para conservar y estimular lo sexual, siempre quedamos como buscando algo indefinido, con un deseo por dentro que no se satisface y que no sabemos identificar.

El solo placer sexual, con ser maravilloso e importante, no puede reunir armoniosamente dos vidas, y los que a él se confían para establecer lo que todos inconscientemente anhelamos, el amor verdadero, serán desmentidos por la realidad de la vida. Ella nos muestra que el placer sin armonía espiritual tiene más que ver con el tedio y la insatisfacción de lo más profundo de nosotros que con la felicidad verdadera. Ella nos revela que el secreto del amor próspero y bendecido es entregar la vida entera el uno por el otro con el objetivo firme de hacernos felices, renunciando cuando sea necesario y justo a cada impulso egoísta, pues la dicha de cada uno es causar la del otro, por lo cual cada uno abastece al otro de amor, cuidados y respeto. Todo ello debe suceder en una vida en común iluminada por compartirlo todo, por dialogarlo todo y por vivir experiencias sencillas y hermosas que unen a las almas que se parecen en sus metas y aspiraciones espirituales y que poseen una cosmovisión semejante.

Lo que buscamos en el fondo no es copular unos con otros, sino hallar el amor verdadero y eterno, de eso tenemos sed aunque, desesperados de encontrarlo, nos lancemos actividades que no solucionan la verdadera soledad y menos en su forma más aguda: la soledad del espíritu que no se une a otro para compartirlo todo en el amor, incluso, como otra dimensión más de esas intimidad cotidiana, el cuerpo físico que cada uno posee. Lo que buscan estos peregrinos del placer sin saberlo, es su propia identidad, sentido para sus vidas, alguien que los ame de verdad, que los valore como seres humanos, que sea incondicional, que los acepte como son, que no los abandone cuando aparezca alguien más atractivo, que los ayude a desarrollarse, en definitiva, como seres humanos que miran a la vida con esperanza y amor; no buscan el mero placer que cansa, desilusiona y deja insatisfecho. Este amor es el gran ausente de nuestras vidas, pero lo más anhelado secretamente.
El verdadero amor recupera conceptos que esta sociedad no quiere ni oír, como el sacrificio, la entrega, la moral.

La clave del amor es la renuncia al egoísmo y el deseo de hacer feliz al otro. El amor de éxito es ante todo un vinculo de comunicación, solidaridad y conocimiento mutuos, mucho más que de necesidad y beneficio egoísta. Pasa más por el dar que por el obtener y desde luego es una escuela de renuncia y tolerancia. Lo principal en el amor es la confianza, la comunicación, el ayudar al otro a crecer como persona.
Gabriel Wüldenmar Ortiz

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