sábado, 28 de enero de 2017

¿MATRIMONIO INDISOLUBLE? UN CASO PRÁCTICO PARA LA TEOLOGÍA DE LA EXCELENCIA

¿MATRIMONIO INDISOLUBLE? UN CASO PRÁCTICO PARA LA TEOLOGÍA DE LA EXCELENCIA (por Gabriel Wüldenmar Ortiz)

Nos casamos ilusionados para toda la vida y de buena fe, pero resulta que a veces nos equivocamos, que ese marido nos golpea o se vuelve un vicioso dilapidador, que esa mujer nos engaña o convierte el hogar en un infierno, etc. Entonces cometemos el “crimen” de querer rehacer nuestras vidas, volver a tener ilusión, volver a amar, no estar solos, sin hacer mal a nadie y sin fines egoístas. Así que nos separamos o divorciamos y rehacemos nuestras vidas con otra persona. Sin embargo…Desde la interpretación de las palabras de Jesús por parte de los sectores cristianos más conservadores se concluye (dicho simplistamente) que los divorciados están literalmente “excomulgados”, y si han rehecho su vida sentimental con otra persona, viven en adulterio. Por tanto, no pueden tener acceso a los sacramentos ni, en teoría, a la salvación hasta que no cambien su situación (aceptar la soledad y el desamor perpetuos o una castidad permanente para la que no han sido llamados). En puridad, esto significa, para esos sectores fundamentalistas, que esas personas irán al infierno de infinitos y horrendos tormentos toda la eternidad, simplemente porque fracasaron en su matrimonio y no quisieron pasar el resto de sus días solos, por lo que se unieron en amor a otra persona sin hacerle daño a nadie.

Afortunadamente, hoy muchos teólogos sostienen que Jesús habla de un ideal al que hay que tender (establecer relaciones de amor verdadero y mantenerlas en fidelidad y compromiso toda vida), no de un asunto jurídico irremediable y vitalicio. Como hemos visto, en la época de Jesús se podía repudiar a la esposa por los motivos más egoístas y absurdos las veces que fuera preciso, una actitud contraria a la dignidad de la mujer que Jesús deseó eliminar protegiendo el valor y la santidad del matrimonio. En realidad “lo que Dios ha unido” y que “no lo separe el hombre” es únicamente lo que está fundamentado en el amor y en la verdad. Lo que no sea así, es nulo por su propia naturaleza (sin necesidad de que lo dictamine ningún tribunal eclesial) y es un problema de conciencia de cada persona saber si actúa o no por motivos egoístas al romper el vínculo. A este respecto, se dan tres tipos de situaciones:

a) Si estamos ante un matrimonio que nunca estuvo basado en el amor verdadero, no hay matrimonio alguno. Es nulo. La persona puede rehacer su vida.

b) Si al principio era un matrimonio santo y los cónyuges (ambos o uno) dejaron que ese amor verdadero desapareciera, Dios sabrá la responsabilidad que cada cónyuge deberá pagar por no cuidar de ese amor o traicionarlo. Pero si no hay posibilidades de volver atrás y reconstruirlo, cada persona es libre de rehacer su vida, aunque, como decimos, tendrá que pagar por el daño y negligencia que le corresponda.

c) Si estamos aún ante ese matrimonio que Dios quiere (basado en el amor y la verdad), Dios dice que no debemos romperlo (Dios quiere que ese matrimonio santo sea para siempre), y si un cónyuge lo rompe incurre en pecado, y en adulterio si se une con otra persona, porque ha roto el vínculo estando éste sano, ha actuado sin necesidad, por egoísmo, por lujuria, por conveniencia, etc. Debe restaurar los daños a su matrimonio. Si no puede o no se le permite, puede rehacer mi vida, siendo consciente de dos cosas: I) la nueva relación debe ser un vínculo basado en el amor y en la verdad, II) cada cónyuge tendrá que hacer frente a los daños y negligencias que le correspondan por haber roto el vínculo.

Esta tesis no se aplica por complacencia o por gusto, sino porque el modelo conservador conduce al absurdo,  ya que:

1) Dios nos hizo capaces de equivocarnos e imperfectos; si nos equivocamos de buena fe a la hora de elegir nuestra pareja ¿de quién es la culpa (en cierto grado indirecto y en último término) sino del Creador que nos hizo falibles?, ¿por qué habría de pagar tan grave y definitivamente la criatura por no ser infalible si no nos hiceron infalibles? Si castiga así, entonces Dios es injusto, arbitrario y malvado. Ahora bien, es imposible que Dios sea así, por lo que esa imagen de Dios necesariamente está equivocada. (Nota Importante: esta lógica no justifica los pecados, porque no se refiere a actos conscientemente egoístas, que dañan a otros o tienen una finalidad malvada, sino a actos erróneos realizados de buena fe, sin intención de dañar a nadie y con un fin bueno).

2) Dios nos hizo extremadamente necesitados de amor, pero luego nos condena por la eternidad si buscamos restaurar ese amor ¿de quién es la culpa sino del Creador que nos hizo con esa necesidad y tendencia?, ¿por qué habría de pagar la criatura por ese impulso? Si así es, entonces Dios es injusto, arbitrario y malvado. Ahora bien, es imposible que Dios sea de ese modo, por tanto esa imagen de Dios necesariamente está equivocada.

3) Dios sería culpable de nuestras malas elecciones (que conducen al fracaso matrimonial), pues declara unidas de por vida relaciones que son claramente erróneas o que guardan la semilla de destrucción desde la misma elección. Ahora bien, es imposible que Dios sea así, con lo que esa imagen de Dios necesariamente está equivocada.

4) En el caso de los cónyuges traicionados, abandonados, maltratados, etc. que son VÍCTIMAS, Dios los estaría condenando a una vida de soledad y desamor (o, en su defecto, a la eternidad del infierno) por las maldades de su cónyuge. Si así es, entonces Dios es injusto, arbitrario y malvado. Ahora bien, es imposible que Dios sea de esa manera, así que esa imagen de Dios necesariamente está equivocada.

5) Dios estaría subordinando su juicio al que pueda pagar 6.000-10.000 euros (más tasas judiciales y coste de las pruebas) para obtener el veredicto de un tribunal humano falible (que ignora, se equivoca, está limitado en su capacidad verificatoria-probatoria). Si así es, entonces Dios es injusto, arbitrario y malvado. Ahora bien, es imposible que Dios sea así, por tanto esa visión de Dios necesariamente está equivocada.

Una vez más, la aplicación práctica de la Teología de la Excelencia, que nos induce a elegir la hipótesis que sea más digna de la santidad de Dios y de lo que se deriva necesariamente del concepto de Dios, resulta de utilidad para el esclarecimiento de cuestiones complejas y para el avance de la Teología como una disciplina libre capaz de entender la Revelación coherentemente con el concepto de Dios.


1 comentario:

  1. He tenido varias parejas en mi vida (44) una de 5 años, una de 10 años (actual) y otras de meses y siempre he encontrado que la causa de las rupturas suele ser al 90% por exigencias cimentadas en el propio ego incapaz de negociar posturas con su pareja.
    Habria que trabajar más siempre por la cesión y la concesión en aquellas cosas que no son posturas fundamentales del sujeto y se pueden negociar, pero colocarnos siempre, cada uno, verdad, en una posición de inmovilismo y no ceder ni un milímetro porquien se supone amamos... pues realmente dice muy poco de aquello que se supone es sacrificio y entrega, el amor verdadero.


    J. Ramón

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